27 febrero 2006

 

Fuente de virtud



-¿Dónde está la fuente de la paciencia ?
Cada vez me queda menos de este preciado bien y no sé donde buscarlo.
En ocasiones el estrés y las prisas intentan extinguir su existencia, pero con fuerza aprendo a hacerles frente.
-¿Dónde estará ese maná, donde hallarlo?
Lo necesito para mi aguante, porque aunque el momento sea difícil y me acompañe el sufrir,
la paciencia me da su fruto y me sonrie al fin.
"La paciencia es la más heróica de las virtudes,
precisamente porque carece de toda apariencia de heroísmo"- G. Leopardi
Foto: Granja de S.Idelfonso

22 febrero 2006

 

Gramática Adrián


Mi niño, Adrián, pronto cumplirá sus 4 años. Está en la etapa de los "porqués" y de cuestionarlo todo. He decidido abrirle su pequeño diccionario, para guardar y recordar esas palabras o frases tan peculiares.
Astrología:
-Mami, qué hace la luna en el cielo si es de día! Luna! Escóndete, que a ti no te toca (salir, )- una tarde hacia las 16horas.
-Es de noche y el sol no está porque se ha ido a dar una vuelta (la vuelta al mundo en doce horas)-
-Mami, yo quiero subir al arcoiris!- a sí? Pues yo también.
-La abuelita Ana, que está en el cielo, ¿en que nube vive? Yo quiero ir a verla!- y una lágrima cae por mi mejilla.
Vocabulario:
-Baladora: Ese electrodoméstico que usa mamá para que se lave la ropa. Aunque podría se una oveja, por aquello de los balidos.
-Noge: ¿del verbo no saber? pues no. Así llamaba a su madrina Geno.
-Tito guarro: no es el tio marrano, cochino, es el tito Eduardo.
-Ventilador: Casi todo aquello que eche aire y acabe en 'dor: calefactor, secador,
Otoño:
-Abuelito Toño, a tí también se te caen las hojas- ¡hombre pues a mi edad, ya se me empiezan a caer varias cosas, ja,ja,ja...

16 febrero 2006

 

Siddharta

Ordenando el fondo de la estantería, encontré mis trabajos de instituto. Uno de ellos, una redacción que no tiene desperdicio y os animo a leer (imprímelo si no tienes tiempo). No cité la fuente, así que no sé ni autor ni de dónde salió. ¿Alguien reconoce el texto? Dice así:

Siddharta fue a casa del comerciante Kawasami, una vivienda suntuosa. Unos criados le introdujeron en una habitación adornada con costosos tapices, donde esperó al amo de la casa. Kawasami entró, era un hombre vivo, ágil, de pelo recio y canoso; ojos cautos, prudentes y de boca codiciosa. Se saludaron amistosamente, amo y huésped.
-Me han dicho- empezó a decir el comerciante- que eres un brahmán, hombre instruido, pero ¡buscas trabajo en casa de un comerciante! ¿Es que has caído en la pobreza, brahmán, para verte obligado a solicitar empleo?
-No- dijo Siddharta- no he caído en la pobreza, ni he estado nunca en ella. Sabrás que vengo de los Samanás, con los que he vivido mucho tiempo.
-Si vienes de los Samanás ¿cómo puedes dejar de estar en la pobreza? ¿Es que los Samanás no carecen de todo?
-Yo carezco de todo, es como tú piensas- dijo Siddharta- Ciertamente carezco de todo; sin embargo, carezco de todo voluntariamente, por eso digo no estar en la pobreza.
-¿Y de qué quieres vivir si no tienes nada?-
-Todavía no he pensado en ello, señor. He vivido en la pobreza más de tres años y nunca he pensado de qué había de vivir.
-Entonces ¿es que has vivido de la hacienda del otro?
-Posiblemente.
-También los comerciantes viven de los bienes de los demás.
-¡Bien hablado!
-Pero no toma lo de los otros en balde; les dá a cambio sus mercancías.
-Así es como debe ser. En realidad, todos toman y todos dan. Así es la vida.
-Pero, permite: si tú no tienes nada ¿qué puedes dar?
-Cada cual da lo que tiene: el guerrero da fuerza, el comerciante da mercancías; el maestro, enseñanzas; el labrador, arroz; el pescador, peces...
-¡Muy bien! ¿Y qué es lo que tú tienes para dar?¿Qué es lo que sabes?
-Yo sé pensar. Yo sé esperar. Yo sé ayunar.
-¿Eso es todo?
-Creo que eso es todo.
-¿Y para que sirve? Por ejemplo ¿para qué sirve ayunar?
-Para mucho, señor. Cuando un hombre no tiene nada para comer, ayunar es lo más razonable que puede hacer. Por ejemplo; si Siddharta no hubiera aprendido a ayunar, hoy tendría que aceptar cualquier trabajo, en tu casa o en cualquier otra parte, pues el hambre le hubiera obligado a ello. Pero de esta forma, Siddharta puede esperar tranquilamente. No conoce la impaciencia, no conoce la necesidad. Puede dejarse sitar largo tiempo por el hambre, y puede reirse de todo. Por eso es bueno ayunar, señor.
-Tienes razón Samaná. Espera un momento. Kawasami salió y volvió con un rollo de papel, que alargó a su huésped. Mientras, le preguntaba:
-¿Sabes leer esto?
Siddharta examinó el rollo en el que estaba escrito un contrato y empezó a leer su contenido perfectamente.
Dijo Kawasami:
-¿Querrás escribirme algo en esta hoja?
Le dio una hoja y un punzón. Siddharta escribió en ella y se la devolvió.
Escribir es cosa buena, pero mejor es pensar.
La prudencia es buena, pero la paciencia es mejor.
-Escribes muy bien- elogió el comerciante- Tenemos que hablar de muchas cosas. Te ruego que seas hoy mi huésped.
Siddharta dio gracias y aceptó. Vivió en casa del comerciante.

14 febrero 2006

 

Vivir eres tú (2ª parte)


Creo en tí aunque no estés. Aunque no te vea, tengo fé. No sé qué razones te llevaron hasta mí, ni porqué sigues apoyándome en silencio. Quizá no te muestre mi gratitud como debiera, las cosas grandes que hiciste por mí. Quizá no estuve en un momento y sin embargo, atendiste mi lamento.
Eres generoso en el amor y comprendes mi error. Gracias por tu ayuda, Dios, que cada uno te siente a su manera y yo te tengo cerca (a la mía) porque tú me has mantenido con vida.

11 febrero 2006

 

¿Qué es vivir? (1ª parte)

¿Qué es vivir,
si no puedes hablar, pero quieres decir;
si no puedes ver, pero quieres mirar;
si no puedes respirar, pero quieres aire;
si no puedes pensar, pero quieres pintar;
si no puedes tocar, pero quieres sentir?
Escuchar qué dicen o dirán
si vivir o morir,
si luchar o ceder,
si estar aquí o allá.
¿Quién lo sabe? Sólo tú que con mirarme lo adivinas. Aquello siempre está; por eso, en un aliento, en un suspirar, a tu lado sigo. Tú, sólo, eres suficiente para mí, aunque lo demás ya no esté. No me dejes marchar.

06 febrero 2006

 

El perdón reconforta


El rencor anidaba en mi interior, la herida era vieja y mi cabeza no dejaba que se cicatrizara.
-Lo que pasó contigo no es justo, no te has portado bien, me has hecho mucho daño...-
En mi corazón, el odio se iba fraguando . Casi sin darme cuenta, me invadía, me agriaba, me irritaba y tu imágen permanecía en mi mente como una diana de quien vengarme. La situación era tensa, el sufrimiento constante, el equilibrio emocional se rompía.
Una noche, en un sueño, escuché:
La vida es demasiado corta para dar satisfacción al rencor, no esperes a que sea demasiado tarde...
Me levanté y reaccioné:
-No merece la pena este sufrir ¿Y si mañana, esa persona ya no está más?-
En ese instante, la idea me angustió el alma. La soledad no ha solucionado el pasado, ni nada lo hará ¿qué puede cambiar lo sucedido ya? Debo ser capaz de perdonar; en silencio, aunque no me lo pida. Eso empezará a sanar esta vieja herida que no me deja vivir, que me roba el gozo y la ilusión.
El rencor dejó pasar a la serenidad. Poco a poco, la visión tomaba otra prespectiva. Empecé a comprender, la comprensión apagó mi ira y por fin, perdoné. Llegó a mí la más grande sensación de paz y la losa que cubría mi espalda, se desprendió.
Merece la pena perdonar y pedir perdón porque pagamos un alto precio por "demostrar" que tenemos razón; porque todos cometemos errores, porque es reconfortante, porque soy más feliz.
Odiar es un despilfarro del corazón y el corazón es nuestro mayor tesoro-. Clarasó

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