12 julio 2006

 

Otros caminos



Como es habitual, después de marzo, hablamos sobre las vacaciones de verano. Nos sentamos junto a un café con leche, bien caliente en el todavía invierno. Julia estaba cansada de la rutina y me propuso marchar a Etiopía... ¡menuda locura! En el mes de Junio, ¿por qué no dedicarle un mes? 30 dias de toda nuestra vida para unos niños que hemos condenado a la escasez...de agua, de alimentos...
Miramos hacia un lado egoísta...en gastar dinero en médicos que transforman hasta nuestra propia identidad física...y , sin embargo, un sólo médico sin fronteras, una sola escuela, un sólo voluntario unicef...¡cuánto se podría hacer si nuestra vanidad la transformasemos en generosidad!! Si en vez de tapiar con una gran muralla la finca de la marquesa, la piscina del chalete, el jardín del palacete...regásemos los secanos africanos para hacerlos fértiles y poder dar a la tierra su semilla, que dé alimento a ...¿un niño? ¿dos?...
Cuando te rodeas de los pueblos negros, africanos...tan auténticos, tan en comunión con la tierra...te sientes impotente de ver lo que está destruyendo la soberbia de occidente...Aunque también hay satisfacción, privilegio por poder compartir con aquellas gentes su espacio...
Es verdad que nuestra conciencia se engaña...¿qué puede hacer una gota de agua en el océano? Prefiero ser gota a ser losa... Así que marché a Etiopía, mi mes de vacaciones a un viaje de los que no salen en las noticias, ni en los catálogos de las agencias... a un viaje increíble, hacia otro camino, hacia ese lado que olvidamos... Dedicar 30 dias, en Africa, en Asia, en sudamérica... al lado de esos niños que tanto nos enseñan... verdaderamente merece la pena.

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